¿Somos más competitivos con un dólar tan caro?.

A medida que sube el dólar, parece que aumentan las voces que nos dicen que el dólar alto hace a Colombia más competitiva. Tanto el Presidente como el Ministro de Hacienda han resaltado esta idea en los últimos meses.

En 1994, el Nobel de economía Paul Krugman decía que este tipo de discurso no es más que una herramienta de atracción política y la tildaba como ‘la obsesión por la competitividad’. El problema aparece cuando entendemos que la realidad es muy distinta: la devaluación (exagerada) no es una bendición para el país y mucho menos la piedra angular de la competitividad. Así Krugman se oponga al discurso de la competitividad, éste nos puede dar una idea sobre el rumbo económico del país.
Recordemos que Colombia tiene un tipo de cambio flexible, es decir que el dólar fluctúa según las fuerzas del mercado y no está sometido a las restricciones cambiarias impuestas por el Estado. En macroeconomía, el mecanismo clásico que explica la alegría del gobierno se puede resumir así: La devaluación de la moneda de un país fomenta la competitividad de las exportaciones porque las hace más baratas con respecto a productos internacionales y por ende potencia el ingreso nacional.

Esta armonía teórica se puede ver incluso en parte del famoso modelo Mundell-Fleming. Siguiendo estas ideas, Colombia se beneficiaría de la depreciación del peso porque ahora puede exportar más y a mejor precio. Hasta ahí todo está bien. El problema aparece cuando examinamos algunas características de la economía colombiana y nos damos cuenta que estamos en lo que Antonio España llama un ‘espejismo temporal’ o el ‘mito de la devaluación competitiva’.

Según un reciente reporte del Dane, las exportaciones colombianas se desplomaron en 31.5% en junio, pero la teoría dice que exportamos más y a mejor precio relativo. A la vez, los precios de productos estrella como el petróleo y el carbón siguen en niveles tan bajos que Colombia ya ha perdido 20 billones de pesos provenientes de los recursos minero-energéticos. Si bien es cierto que el dólar alto puede compensar la caída de los precios, debemos mirar más allá para entender que no seremos más competitivos porque el dólar rompa la barrera de los 3.000 pesos. ¿Por qué? Miremos una anécdota histórica y unas razones.

La India como ejemplo

Durante la década de 1980, la Rupia (moneda de la India) se devaluó en casi 38% con respecto al dólar. Como India mantenía un leve control cambiario, el Banco Mundial presionaba para que se siguiera devaluando la moneda.

A pesar de la devaluación, las importaciones provenientes de países industrializados aumentaron (se supone que deben bajar). Curiosamente, el nivel de exportaciones se mantuvo estable, pero los márgenes (la diferencia entre el precio y el costo de los productos) sí subieron. La moraleja es que a pesar de tener una devaluación fuerte entre 1980 y 1986, India no se volvió más ‘competitiva’, así algunos exportadores sí se beneficiaran.

Si India es competitiva es por sus esfuerzos industriales, su (cuestionable) mercado laboral y su conquista de la oferta informática, no por una Rupia débil. Ahora revisemos por qué la devaluación no se traduce en una Colombia necesariamente competitiva.

1. Nuestras exportaciones abarcan sobre todo materias primas y recursos energéticos. Mientras que en 1995 el sector minero-energético cubría el 24.7% de las exportaciones, hoy llega esta cifra al 51%. Así la subida del dólar compense la caída de precios (más del 30% en carbón y níquel), no tiene incidencia en la estructura de las exportaciones. Si exportáramos más bienes de capital (Ej. maquinaria), ganaríamos por su valor agregado, no por la coyuntura del mercado. Por eso es delicado extender la alegría de unos pesos más por banano o carbón vendido para ponerle un velo a problemas estructurales del país.

2. La devaluación incide en la inflación, permitiendo una subida del costo de vida en Colombia. Sucede que la importación de insumos se hace más cara por la devaluación. Este aumento de precios lo resienten los importadores que tratan de volcarlos en el mediano plazo al mercado nacional. El efecto es una subida de precios en distintos sectores. Para documentar este mecanismo, se puede mirar un índice que nos da una idea sobre la inflación, tal como el IPC. Como podemos observar en este gráfico, el IPC ha venido subiendo desde el 2013 si tomamos el cambio en las cifras mensualmente.

3. Tercero, no es tan fácil sustituir importaciones. Algunos economistas dirían aquí que lo bueno es que sustituimos las importaciones caras por productos nacionales baratos. En el mundo de la economía clásica, esta brillante solución nos convendría a todos. En la realidad, no. Pensemos en que existen contratos, deudas, aspectos técnicos y factores de branding que no nos dejan reemplazar un producto importado tan fácilmente. El poder de las marcas en muchas ocasiones no permite un cambio repentino en el portafolio de una empresa. Pensemos en el productor que usa máquinas y repuestos importados para empacar dulces. Es muy difícil que este tipo de empresas de repente reemplacen sus insumos, sobre todo si existen contratos y asociaciones positivas con la calidad de la maquinara escogida. En términos técnicos, la llamada elasticidad cruzada de la demanda (la sensibilidad que tiene la demanda de un producto por un cambio en el precio de otro) no necesariamente es alta cuando cambia el precio de un producto importado.

4. Cuarto, la deuda externa se infla. Ésta última corresponde al 40% de nuestro PIB. La situación se complica si pensamos que más del 90% de la denominación de la deuda está en dólares. La consecuencia directa es que nuestra deuda externa, pública y privada, se infla automáticamente sin que recibamos nuevos recursos.

Mientras EE.UU observa ya siete años de expansión económica y la seguridad para los inversionistas que se concentrarán en EE.UU aumenta por los anuncios de la FED (se dice que subirán las tasas en septiembre), países como Colombia, Uruguay y Brasil se tratan de organizar ante la desaceleración económica. Ante este escenario, es la responsabilidad del gobierno y de los economistas aclarar que la devaluación es un cambio que puede beneficiar a algunos actores mas no uno que hace a ‘Colombia más competitiva’. Es cierto que los productos colombianos son relativamente más baratos por la devaluación y que el gobierno ha impulsado programas como el PIPE 2 para contrarrestar la desaceleración de la economía. Sin embargo, quedarnos en el argumento de la devaluación para llamarnos competitivos genera confusiones y convicciones incompletas.

En vez de unos bananos y unas uchuvas con más margen exportador, son iniciativas como las carreteras 4G, la inversión en educación, el desarrollo de apps como Platzi, diseños como ‘Berlino’, proyectos como Ruta N, la expansión de Juan Valdez y el desarrollo de la ‘marca país’ lo que posicionan a Colombia como un país que ofrece innovación y atrae inversión.

ERICK BEHAR VILLEGAS
Profesor CESA, Universidad Externado

Fuente: http://bit.ly/1f3M4QI

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